Breve historia del Café Bretón

Fuentes generalmente bien documentadas acreditan la existencia, en 1897, de un local de baile que estaba situado frente al Teatro Bretón de Logroño y que tenía el nombre de “Salón de columnas”. En ese lugar estaba ya el germen del “Café Bretón”. En 1907, el Sr. Cazalilla Martín realiza una de las primeras proyecciones cinematográficas celebradas en la ciudad. Durante los felices años veinte el “Salón de columnas” pasó a ser un cabaret llamado “Cafetín La Francesa”.
Los extremos de la Guerra Civil transformaron el local, según consta en fotografías de la época, en “Hogar del Herido”.
Después fue sede de la “Sastrería Fito” y, a principios de los setenta, el local recuperó su carácter hostelero y hospitalario convirtiéndose primero en el “Hawai”, bar de ambiente tropical, y después en el “Oliver”, de ambiente aún más tórrido.
En 1984, en ese lugar surgió el Café Bretón, un bar donde además de cervezas, cafés, licores y variopintos juegos de mesa, uno puede comprar libros de escritores de la ciudad, leer poemas en sobres de azúcar o probar sus valores literarios participando en el premio que convoca anualmente.
Veinte años después, o ventidós, en 2006, el “Café Bretón” abandonó su carcomido esqueleto y, fiel a su espíritu, brincó una casilla al oeste, para acomodarse, como el café a la taza o el vino a la botella, a un nuevo cuerpo más amplio, más luminoso, más sólido.
Y quienes acuden al “Café Bretón” de siempre, en su sitio de ahora, reviven con su gesto el feliz verso del poeta Roberto Iglesias: “Y no acudiré nunca a la cita feroz de la nostalgia”.

…………………………………………………………………………………………………………………………….(B. Sánchez, J. I. Foronda)